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domingo, 19 de julio de 2009

Érase una vez tras la censura


El Gran Dragón robó entonces el cuento del Príncipe Chino y le impidió continuar escribiendo su historia por un tiempo, pues las garras del Gran Dragón guardan celosamente aquello que cree que puede perjudicarle. De este modo, la magia visual de youtube y el gran libro de experiencias blogueras quedaron enterrados en lo más profundo de la guarida del Gran Dragón, inaccesibles a todo aquel navegante que recurriera a la red...

Pero el poder del Gran Dragón no es infinito y sus dominios no van más allá de la Gran Muralla que construyó para protegerse, una muralla que de poco sirve ante los ataques de los microscópicos virus H1N1 o la violencia nacida de la venganza y la incomprensión cultural en una provincia tan remota como la de Xinjiang.
Desde hace ya más de una semana, el Príncipe disfruta de los placeres del Reino a orillas del Mar Mediterráneo, de su familia y de sus amigos. Sin embargo, no olvida que aún debe acabar de relatar las últimas páginas de su cuento, ya que una historia sin final es como una puesta de sol oculta tras las nubes, bastante común pero imperfecta.


Próximamente escribiré estos últimos capítulos, pero antes os mostraré algunas imágenes llenas de luz y muy alejadas ya de la cenicienta Beijing.

domingo, 10 de agosto de 2008

Cuento sobre los Reinos del Mediterráneo: Formentera (III)

Junto al mágico Reino de Ibiza, morada del Príncipe, surge de las cristalinas aguas una pequeña isla en forma de zapato de tacón, que junto a su hermana mayor ibicenca forman Ses Pitiüses, la tierra de pinos.


El Príncipe ya había visitado Menorca y Mallorca, unas islas muy distintas a aquélla que él habitaba. Tras un par de días de descanso en su hogar, el Reino vecino de Formentera también reclamaba su atención. Esta vez, no habría anfitriones, sólo la compañía de cuatro jóvenes doncellas, siempre dispuestas a emprender una aventura junto a él.


Un veloz navío aguardaba a los intrépidos viajeros y, afortunadamente, Poseidón calmó sus olas para ofrecerles una travesía tranquila, nada de odiseas... Ya en puerto, el carruaje que debía llevarlos a las blancas arenas de Formentera retrasó su partida, pero el grupo estaba tan feliz que no les importaba demasiado.

Las siempre claras aguas de Formentera sirvieron de telón de fondo para los "posados" de la gente más cool de la isla. La diversión estaba asegurada, servida con sandía de postre y empacho italiano.