¡Paz y amor, hermanos!
lunes, 14 de septiembre de 2009
Cuento de un sueño de dos noches de finales de verano
viernes, 10 de abril de 2009
Cuento de Fiesta de Disfraces 2ª parte
domingo, 5 de abril de 2009
Cuento de la Fiesta de Disfraces 1ª parte
Era una fiesta sin igual, donde podías encontrarte a Willy Fogg discutiendo con Chanquete sobre la forma más rápida de atravesar el Mediterráneo, a Chilindrina llorando por un poco de miel de la Abeja Maya, o a unas, ahora sí, amistosas Punky Brewster y Rambo contemplando algo muy llamativo (la blanca pared de enfrente).
domingo, 29 de marzo de 2009
Érase una vez una fiesta de disfraces
domingo, 15 de marzo de 2009
Érase otra vez el cumpleaños del Príncipe
martes, 18 de noviembre de 2008
Cuento de los Cumpleaños del Gran Sabio, el Historiador y el Comerciante
Ya habéis leído en las entradas sobre mi cumpleaños, como nos las gastamos aquí cuando toca celebrar un cumpleaños. Aunque el cuentacuentos olvidó narrar otros cumpleaños como los de la bella Judit y su caballero Dani, muchos ya sabéis que aquellos días fueron inolvidables para todos y quedó demostrado que sumar años no está reñido con creer en príncipes, campesinas convertidas en modelos o reyes colmados de tesoros.
En un primer momento, Jaime fue obsequiado con una escoba y recogedor y un misterioso espectáculo en el Cubo (las piscinas olímpicas). Pero obviamente la magia va mucho más allá y es mucho más exuberante que todos estos regalos... y el día menos pensado, aunque no era el de su cumpleaños, todos sus amigos nos reunimos en El Bocata para comer bocadillos de chistorra, entregarle una mochila repleta de ayudas para su inminente viaje a Japón y, sí, maldecirle con la pesada carga de un Facebook.
Dani, por su parte, se encontró a primera hora de la mañana con un póster revolucionario, que le invitaba a disfrutar de un merecido día de descanso junto con la bella Lídia en un idílico spa. Sin embargo, tuvieron que recorrer un largo camino hasta llegar hasta los mágicos manantiales. La noche se vistió de rojo sangre para asistir a una cena de gala en un restaurante comunista con espectáculo incluido, donde el sol del escenario era el mismísimo Mao Zedong y los camareros/cantantes/bailarines empuñaban diferentes armas al grito de "¡Matar, matar, matar!"
jueves, 15 de mayo de 2008
Cuento de Cumpleaños (7ª parte)
El Príncipe comenzaba a encontrarse exhausto, pero aún le quedaban un par de pruebas.
De repente comenzó a sonar una melodía, no, una canción con letra, ¿pop? ¿rock? ¡Oh no! ¡Funky! El caballero Wu Fulin, antiguo vecino en la Torre de los Guerreros, tocaba su cítara e incitaba a brincar a quienes lo oían. El reto consistía en bailar cual "cisne en su lago", aunque no precisamente ballet clásico, pues sus movimientos se asemejaban más a un torpe pollo de corral que a un elegante cuellilargo blanco. Como no podía ser de otra manera, el Príncipe venció toda vergüenza y danzó al son de esa "música" hasta conseguir su objetivo.
Ya había llegado el momento de acabar la aventura. Sin embargo, para superar la última prueba, el Príncipe debía realizar un último hechizo y convertirse en una ligera mariposa ante los ojos de decenas de hijos del Gran Dragón. La hechicera Lidia, junto con el caballero Dani y la dama Mireia, pusieron en sus manos las herramientas que utilizaría para echar a volar. Las cintas de colores se agitaron y voló. Como recompensa, sus compañeros le ofrecieron el regalo que la joven heraldo Sandra había dejado para el Príncipe unos días antes de partir hacia sus tierras: un delfín que lo relajaría en los momentos más tensos. Además, también pudo hablar con ella gracias a la magia del teléfono móvil...
Sólo quedaba volver a casa, a sus aposentos. Todos sus compañeros de aventura habían desaparecido en cuestión de segundos. ¿Dónde habían ido? Al llegar a su cuarto, la escena que se encontró conmovió al Príncipe. Todos sus amigos le aguardaban a oscuras en su habitación con la única luz de 25 largas velas sobre un bizcocho casero de chocolate.
Ni en aquel momento, ni ahora, ni nunca, el Príncipe podrá encontrar las palabras apropiadas para agradecerles todo lo que han hecho por él y el amor y cariño que le han regalado. ¡GRACIAS!
Al igual que de sus compañeros del Reino del Gran Dragón, el Príncipe recibió ese día y en los siguientes felicitaciones procedentes de todos sus amigos. Incluso, las princesas de su Reino le obsequiaron con un cuento en internet también.
¡GRACIAS! Me hacéis sentir un hombre especial cada día que paso con vosotros y vosotras. Ojalá la tinta de este cuento siga escribiendo muchas páginas con los caballeros, princesas y demás animalillos del bosque que siempre me acompañan.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Cuento de cumpleaños (6ª parte)
Raudo y veloz, el Príncipe acudió al encuentro de un nuevo desafío, en "un lugar donde todo se pierde..." Y no podía ser otro que los aposentos del fiel escudero Lluís, un caballero de naturaleza descuidada, que olvida caballo y espada en cualquier encrucijada.
Al atravesar el umbral de su puerta, cayó de nuevo presa de un hechizo, que lo despojó de sus ropajes y lo vistió como un bufón. Si quería librarse de esta maldición, debía sacar sendas carcajadas simultáneamente del escudero Lluís y la doncella Judit. Diez segundos bastaron para dibujar una sonrisa en el rostro del caballero, cuya atronadora risa tantas veces había asustado a los hijos del Gran Dragón. Sin embargo, los labios de la bella Judit parecían sellados, como petrificados por la mirada de la mismísima Medusa. El Príncipe, que no cuenta con grandes dotes cómicas, recurrió a todos los chistes que conocía, bailó, actuó y representó situaciones graciosas, mas todo en vano. La paciencia de los cortesanos se agotaba y Judit seguía sin mostrar siquiera un atisbo de alegría en sus ojos. ¿Otro fracaso en esta aventura? ¡No! El Príncipe era consciente de que la solución pasaba por jugar sucio, pero no existía ninguna regla que lo detuviera...
Una lluvia de cosquillas penetró los cuerpos de ambos amigos y sopló el viento de la risa.
Como recompensa, el Príncipe recibió la antítesis de un regalo: un queso, un rancio recuerdo de sus manías. Menos mal que el cortejo que le acompañaba estaba más que dispuesto a devorar tan dulce manjar en estas tierras.
Esta vez su siguiente destino apuntaba al gran conversador Luis, que, de acuerdo con la pista, guarda un gran parecido a Bertín Osborne y al Príncipe Don Felipe. El guerrero Luis quería resarcirse de algún modo del acoso fotográfico que reciben los forasteros en el Reino del Gran Dragón y retó al Príncipe a que consiguiera cinco fotos con cinco hijas del Gran Dragón. No consiguió sus besos, pero una "berenjena" (equivalente a nuestro "patata") no podía ser tan difícil de obtener...
El final de la aventura ya está cerca.