Mostrando entradas con la etiqueta nochevieja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nochevieja. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de enero de 2010

Más allá de los finales felices y los colorín colorados...


Porque no me gustan los finales, por muy felices que sean, y porque siempre existe un prometedor comienzo tras ellos, este primer día del nuevo año quiero "empezar" un cuento que ya no se escribirá en estas páginas...

Un cuento donde en la familia no aparecen malvadas madrastras, sólo la seguridad y el calor del hogar...
Un cuento donde los viejos amigos siempre se reencuentran en el camino gracias al destino...

Un cuento donde siempre existirá papel en blanco y tinta fresca para añadir nuevos nombres...

Un cuento donde existan rincones mágicos que te permitan viajar a lugares exóticos...


Un cuento donde el pueblo natal de uno de los mejores narradores de historias, Miguel de Cervantes, aún permanece dormido en su gloria medieval...


¡FELIZ AÑO Y FELIZ COMIENZO!

jueves, 1 de enero de 2009

Feliz Año Nuevo

¡Feliz Año Nuevo!

El Reino del Gran Dragón es un lugar misterioso y sus costumbres muy extrañas. Realmente es difícil sentir el espíritu navideño y estas fiestas se ven empañadas por la rutina de todos los días. Es Nochevieja y tengo el primer examen de los finales.
Después, unos cuantos caballeros y damas de la alta Torre de los Guerreros celebramos la última cena del año en nuestro restaurante japonés de confianza. No sólo es la última cena del año, sino la última cena allí, porque una orden de derribo se hará efectiva en el nuevo año. Con gran nostalgia y con pocos aires de fiesta nos despedimos de las camareras, camarero y la comida que tantas veces nos ha salvado el mediodía o la noche y que también ha podido degustar la familia y amigos del Príncipe.
Como harían siete horas más tarde nuestros compatriotas, nos sentamos frente al televisor en busca de algún canal chino que despida el año. Ni anuncios de cava ni aceite, ¿cuál fue el último y el primer anuncio del año? Nos reunimos en un sitio familiar, la habitación de Jaime, a pesar de que él no está con nosotros. Sin campanadas, pero con "cacerolada", cada uno se come las uvas a su ritmo y finalmente brindamos con champán chino, del que nadie soporta más de un sorbo.


Tras las uvas, la fiesta estaba asegurada. Teníamos las entradas desde hacía unos días para la fiesta más popular de la ciudad, pero no sabíamos que la música sería techno, minimal, house y demás adjetivos que sólo pueden calificar sonidos parecidos al ruido, pero con algún tipo de patrón. Cuando llegamos, no nos pidieron la entrada y parece ser que entramos por la salida... Al final, la fiesta no estuvo tan mal. Había mucha gente conocida, con la que no podías hablar por el ruido, digo, música. Como cantaba Mecano, acabamos "colándonos en la fiesta" y viendo "muchas chicas guapas, pero ninguna sola".

Sólo una buena costumbre pudimos conservar, aunque hizo falta el esfuerzo de dos fuertes guerreros y una brava amazona. A la mañana siguiente, o más bien al mediodía siguiente, desayunamos churros con chocolate caliente. ¡Gracias, abuela, de nuevo por la churrera!

domingo, 6 de enero de 2008

Cuento de Año Nuevo

El día de Año Nuevo no resultó ser tan feliz como todos esperábamos...

Por un lado, el caballero Dani y su damisela Judith fueron atacados, al marcharse del salón de baile, por unos pocos hijos del Gran Dragón. Aunque se defendieron con uñas y dientes, no pudieron evitar una lluvia de patadas y golpes. Desgraciadamente, los demás continuábamos bailando ajenos a lo que pasaba en la calle. ¿Pensáis que alguien intervino para poner orden? Pues no, ni siquiera la policía les ayudó. Ambos acabaron en el hospital comprobando que no tuvieran nada roto; afortunadamente, sólo perdura el susto, que no es poco.
Por otro lado, el Médico Lluís enfermó gravemente y comenzó a vomitar sangre. Todos nos volcamos para ayudarle y también le acompañamos al hospital. Da gusto ver cómo no sólo para las fiestas y comilonas nos unimos. Diagnóstico: una pequeña úlcera en el estómago. Nuestro gran papá Jaime se quedó una noche cuidándolo y, a la siguiente tarde, ya le dieron el alta. El pobrecito sólo puede llevar una dieta blanda estos días; aún suerte que las fiestas ya han pasado.


Y volviendo un poco al día de hoy...¡Felices Reyes! Hoy me han regalado una jirafa preciosa con réplica de papel y una planta para adornar la habitación. No ha habido roscón de Reyes pero, hoy más que nunca, siento que me ha tocado la figurita.

viernes, 4 de enero de 2008

Cuento de Fin de Año

En la última noche del año, cuando el sol ya había dejado que el frío se apoderara de la oscuridad y el hielo había cubierto lo que hacía unas horas era un lago ondulado, los jóvenes guerreros del Reino del Gran Dragón salieron a festejar la entrada del nuevo año.

Esta vez el banquete se celebraba en un restaurante del centro de la ciudad, con comida de la tierra. Más de 30 invitados se reunineron allí para disfrutar de una noche muy larga. Muchos de los platos eran sabrosos, otros simplemente sobraban, pero todos pudieron comer hasta satisfacer sus estómagos. Las risas y la animación del momento eran capaces de derretir cualquier copo de nieve que amenazara con pertubar tan mágica velada.

El campanario más grande de la ciudad debería haber guiado nuestras uvas, pero una fiesta privada con soldados -o mejor dicho, bufones- apostados en la puerta, de la cual ya huía Cenicienta, nos impidió oír de cerca lo que nuestros oídos esperaban desde hacía días. Tras el granizado de uva y casi perder algún dedo por congelación, nos refugiamos en un pequeño bar. El alcohol comenzaba a reflejarse en las caras y palabras de algunos guerreros.

Y llegó la hora de la fiesta: cuatro horas ininterrumpidas de música y baile. De nuevo, más alcohol, muchas más carcajadas y un "movimiento sexy". El Historiador Jaime nos obsequió con champán y demás licores, Dani (el comentarista del vídeo del chino abriendo la botella) no paró ni un segundo de bailar y saltar, y ciertas bailarinas irrumpían en nuestro círculo con peligrosos movimientos.

A las 6 de la mañana, se encendieron las luces, paró la música y el equipo de limpieza comenzó a trabajar. Era hora de recobrar energías en la franquicia del bufón americano más famoso (McDonald's). Desgraciadamente, a esas horas poco nos podía ofecer tan distinguido payaso.

A las 7.30, unos pocos guerreros ya llegaban a su torre para descansar, y el cuento no ha hecho más que empezar...