miércoles, 25 de febrero de 2009

Cuento de Guilin


El sol y la playa dejaron paso a nuevos paisajes. El Príncipe y sus amigos emprendieron un largo viaje en carruaje, durante más de quince horas, soportando de nuevo las inclemencias del tiempo y un frío penetrante, hasta llegar a la provincia de Guangxi, a una de sus principales ciudades, Guilin. Por el camino, algún que otro hijo del Gran Dragón se mostró extremadamente comunicativo con ellos y también descubrieron que el interior de una iglesia y un ferry son muy parecidos por aquellos parajes.

Era la víspera del Año Nuevo Chino y Guilin, como el resto de ciudades chinas, detenía su frenética actividad para rugir con los destellos de los fuegos artificiales. A pesar de ser la ciudad principal de la zona, la belleza de Guilin reside en sus alrededores, ya que centenares de rocas se alzan caprichosamente a sus puertas, enredadas también entre los ríos. No obstante, Guilin esconde rincones mágicos capaces de extraer de lo más profundo la belleza humana...

El mismo día de Año Nuevo, estos jóvenes aventureros escalaron hasta la cumbre del "Espinazo del Dragón" para contemplar los arrozales típicos de la región. Sus misteriosas habitantes alardean de poseer los cabellos más largos de toda China, sus pueblos se ocultan tras una espesa niebla y sus platos se pueden cocinar en una caña de bambú.




Era como sumergirse en una fría y húmeda nube... y volar.


Sin embargo, muchos peligros les acechaban, pues los inagotables vendedores se escondían bajo los rostros más inocentes.


1 comentario:

Felicidades dijo...

Porque dices lo de la belleza y ademas yo sigo pensando que los nignos eran tiernos, solo tenian que aprender su oficio.

Besos...se me esta quemando la cabeza al sol y no se si me duele mas esta ultima o los pies en la montagna por la temperatura diametralmente opuesta.