viernes, 4 de enero de 2008

Cuento de Fin de Año

En la última noche del año, cuando el sol ya había dejado que el frío se apoderara de la oscuridad y el hielo había cubierto lo que hacía unas horas era un lago ondulado, los jóvenes guerreros del Reino del Gran Dragón salieron a festejar la entrada del nuevo año.

Esta vez el banquete se celebraba en un restaurante del centro de la ciudad, con comida de la tierra. Más de 30 invitados se reunineron allí para disfrutar de una noche muy larga. Muchos de los platos eran sabrosos, otros simplemente sobraban, pero todos pudieron comer hasta satisfacer sus estómagos. Las risas y la animación del momento eran capaces de derretir cualquier copo de nieve que amenazara con pertubar tan mágica velada.

El campanario más grande de la ciudad debería haber guiado nuestras uvas, pero una fiesta privada con soldados -o mejor dicho, bufones- apostados en la puerta, de la cual ya huía Cenicienta, nos impidió oír de cerca lo que nuestros oídos esperaban desde hacía días. Tras el granizado de uva y casi perder algún dedo por congelación, nos refugiamos en un pequeño bar. El alcohol comenzaba a reflejarse en las caras y palabras de algunos guerreros.

Y llegó la hora de la fiesta: cuatro horas ininterrumpidas de música y baile. De nuevo, más alcohol, muchas más carcajadas y un "movimiento sexy". El Historiador Jaime nos obsequió con champán y demás licores, Dani (el comentarista del vídeo del chino abriendo la botella) no paró ni un segundo de bailar y saltar, y ciertas bailarinas irrumpían en nuestro círculo con peligrosos movimientos.

A las 6 de la mañana, se encendieron las luces, paró la música y el equipo de limpieza comenzó a trabajar. Era hora de recobrar energías en la franquicia del bufón americano más famoso (McDonald's). Desgraciadamente, a esas horas poco nos podía ofecer tan distinguido payaso.

A las 7.30, unos pocos guerreros ya llegaban a su torre para descansar, y el cuento no ha hecho más que empezar...